lunes, 8 de diciembre de 2008


LA LOCURA


La locura tiene que ver mucho con la sublimación —o a veces simplemente confección— emocional desconectada de la realidad o paulatinamente desconectándose de la realidad.
Todos estamos de igual a igual ante ella porque, aunque las capacidades genéticas ayuden a evitarla, pueden contrarrestar esas capacidades las vivencias límite, las incontables experiencias que sí determinan —o visten a esas capacidades— y no totalmente —porque interviene el aprendizaje— las actitudes humanas y sociales. Sí, no totalmente porque el aprendizaje ético e intelectual es el factor que nos moldeará y nos condicionará las emociones, las conformará decisivamente, consiguiendo un respeto social y un respeto a las personas en sus derechos igualitarios (y evidentemente ningún enfermo mental está libre del aprendizaje ético).

Así que tal factor nos despejará del "todo vale", nos hará responsables ante la realidad; es decir, a ser consecuentes con ella de un modo racional-ético (racional por no distorsionarla y ético por responderle bien con una responsabilidad o con unas actitudes responsables). Es la coherencia que esto conlleva lo que realmente ratifica un equilibrio, una cordura en nuestras acciones.

Pero, en el hecho del vivir, también existe una intimidad, una libre búsqueda de la felicidad, una libre ideación emocional que -sin estar aislada- puede limitarla las modas, los convencionalismos erróneos o represivos, o políticas que conducen a las injusticias o a las discriminaciones sociales. Por ello, la duda como autodefensa, la disidencia y la rebeldía —siempre atendiendo a una justificación razonable— no son recursos de locura, sino más bien de cordura en su estricto sentido desintoxicador.
El ser más inteligente, aquí, el que ve la injusticia y no se conforma, ese que está adelantado éticamente a su tiempo, ese que pone al descubierto la maldad o la crueldad —sin unos mínimos escrúpulos o tranquilamente impasible—, es realmente quien nos ha guiado siempre hacia la cordura en unas épocas histéricas u oscuras; sin embargo, esto se olvida, es la sociedad la que antes lo consideró loco porque, ésta, sencillamente se presenta remisa a los cambios de privilegios, estableciendo que "la mayoría tiene siempre la razón" y, así, casi todos se unen convenientemente a la gran mayoría para no ser tachados de "antisociales" o de locos. Esto es, ante el "por si acaso", mejor seguir la corriente, ahí aunque sea por cobardía.

En aclaración, está cuerdo o más cuerdo no quien dice siempre la sociedad —que puede decir hasta misa si le conviene—, sino quien demuestra una coherencia, salvaguarda de los principios éticos fundamentales —los cuales no justifican los daños como finalidad ni como medios para una finalidad— ya, en consecuencia, a una realidad a la que ha reconocido previamente —que ha percibido sin distorsionarla—.

Y poniendo las cosas en su sitio, el ser cuerdo no tiene nada que ver con el "seudoequilibrio" o con el equilibrio que algunos se apuntan en error o fanáticamente, ni con la tranquilidad, ni con la pasividad, ni siquiera con ese conformismo tan extendido sin escrúpulos e impasible (pérdida de las emociones), sino solo con la atención -y respuesta- ética a la realidad.
Por ejemplo: Ante un holocausto, mientras que el loco ni se inmuta, el cuerdo sin hacer daño a nadie, se duele, se conmueve, se deprime incluso, se indigna hasta lo más desolador porque no distorsiona la realidad ni a él mismo como ser íntegramente... ético.

Por eso mismo, es un gravísimo error, y hasta ahora algo aceptado, el considerar a todos los tipos del desánimo o de depresión como denotadores de locura; cuando no es cierto y también cuando no es lo mismo la depresión con unos antecedentes que con otros, o esa depresión del maltratado que la que le llega al maltratador ya al ser consciente de lo que ha hecho. Es decir, no es lo mismo ocho que ochenta; y, además, no es difícil el acordarse de grandes intelectuales o sabios que pasaron por momentos de desesperación o de frustración ante el horror que percibían, y ante el cual como seres con las cualidades más humanas lloraron y sufrieron por dentro.

Por lo tanto, el amor y el dolor, más allá de ser uno un derecho sobre el otro, son asimismo respuestas del instinto y de la intuición ante todo, y respuestas inevitables que existirán una y otra vez quieran algunos o no.

Pero, con eso, la locura que hace mas daño, siempre está arriba, donde se puede manipular todo y todos los medios son justificados; ya desde allí se siembra más las locuras, quedando a salvo de algún tratamiento.

4 comentarios:

José Repiso dijo...

SOBRE CAMBIAR LO QUE PARECE IMPOSIBLE:

Existe algo que es "ACTUAR" y otro algo que es "NO ACTUAR"; pues con el primer algo se arreglan las cosas. Por aquí se suele decir "Todo tiene remedio menos la muerte". Y es así, todo tiene remedio, cada uno actuando de una forma de concienciar las cosas y van sumándose cada vez más que actúan. Pero con lo que no se arregla nada (siguiendo la misma putrefacción) es con estarte quieto, callándote, escondiéndote detrás de tu puerta y aceptando todas las mentiras y confusiones.
¡Así no! Existieron sociedades que parecían imposibles de cambiar y, al final, se cambiaron; y se cambiaron con la iniciativa de muy pocas personas. Si piensas que todo es imposible, nada harás porque sea posible; por eso hay que luchar y luchar...

José Repiso dijo...

“El periodismo independiente no existe”, dice "por algo" mi admirado Pascual Serrano.
Bien, todos saben que "en el hacer", no hay plenamente libertad; pero, en cambio, sí "en el pensar" (pues cualquiera puede pensar lo que le dé la gana para sí mismo). En eso, si ya es posible la libertad "en el pensar" sin que dependa nada más que de uno mismo, pues -en claro- ese pensar es independiente.
Lo que ocurre siempre es que tienes que trasladarlo a un medio de comunicación TAL COMO ES; entonces, si uno te lo distorsiona o te lo recorta, tú debes buscar el que no o... hacer uno cooperativo en donde no hay autoridad intolerante por encima que te lo impida.
Así es, si se quiere, eso es posible. Ya que "otro mundo es posible" es el gran lema de ahora; pero debe ser también el lema para esas partes que hacen funcionar al mundo. O sea, "otro medio de comunicación es posible", etc.

José Repiso dijo...

¿Qué es la frivolización que hacen o la fragmentación de la unidad ética?

Los Derechos Humanos tienen una UNICIDAD -únicamente unas reglas establecidas de juego- por el bien de un solo camino ético y no veinte; es decir, los medios de manipulación, la intelectualidad sin esfuerzos -a peloteo, a influencias y a arrimo al facilismo de la saturación predominante- y los ideólogos "chaqueteros" de conveniencia, poderosamente realizan el horror del taifismo ético o la destrucción de principios sólidamente éticos (honestidad, honradez, etc.).
Así es, y si eres intelectual..., haz de demostrar algo; pero ¡no!, ¡ya es válido solo las astucias de la APARIENCIA!

José Repiso dijo...

En la sociedad, se construye y se destruye; en la vida, se construye y se destruye; y porque sigan los valores éticos, se construye y se destruye.
Pues la prueba infalible de que se construye es que se APORTA racionalidad y soluciones, ejemplaridad y desobediencia -denuncia- a las injusticias.

Sí, Jesucristo, Gandhi, etc. lo hacían, pero ¿con amabilidad los ayudariáis? No casi seguro, ya que es muy incómodo salirse del "silencio cómplice de los corderos" y el bien sin influencias -sin poder- a lo miserable no se reconoce.

Existe un "odio subconsciente" de no ayudar a lo que no es poder (gusta arrimarse a los grandes aunque sean corruptos, a los imponentes con violencia de injusticia -la peor-, a los influyentes, a los demagogos porque son reflejo de los que los escuchan, a los guaperas, a los de buena raza, etc.)


... ¿Quién se arrimaba antes a los muchachos con Sida, podridos de recibir rechazo y desafecto?, ¿QUIÉN?, que se atreva a decirlo alguno.